La Torre Eiffel está llena de óxido y necesita una reparación completa, sin embargo, sólo va a recibir una pintura cosmética de 60 millones de euros antes de los Juegos Olímpicos de 2024 en París, según informes confidenciales citados por la revista francesa Marianne.

La torre de hierro forjado de 324 metros de altura, construida por Gustave Eiffel a finales del siglo XIX, es uno de los lugares turísticos más visitados del mundo, con unos seis millones de visitantes al año.

Sin embargo, informes confidenciales de expertos citados por Marianne sugieren que el monumento está en mal estado y plagado de óxido.

“Es sencillo, si Gustave Eiffel visitara el lugar le daría un ataque al corazón”, dijo a Marianne un gerente anónimo de la torre.

No fue posible contactar a la Sociedad de Explotación de la Torre Eiffel (SETE) para que hiciera comentarios.

La torre está siendo repintada con un costo de 60 millones de euros en preparación de los Juegos Olímpicos de 2024, la vigésima vez que se repinta.

Se suponía que un 30% de la torre iba a ser decapada y luego se le aplicarían dos capas nuevas, pero los retrasos en los trabajos causados por la pandemia del COVID y la presencia de plomo en la pintura antigua hacen que sólo se trate un 5%, dijo Marianne.

La SETE es reacia a cerrar la torre durante mucho tiempo por los ingresos turísticos que se perderían, añadió.

Ya a mediados de junio, en un París en obras, los turistas trataban de ingeniarse para fotografiar las simbólicas Torre Eiffel y Notre-Dame, con una mezcla de decepción y alegría de viajar tras años de pandemia.

A dos años de los Juegos Olímpicos, los andamios y las vallas se propagan por varios de los edificios emblemáticos de la ciudad como la Torre Eiffel, el Grand Palais, el museo del Louvre y, por supuesto, en Notre-Dame, tras el incendio de 2019.

“Es una pena que esta zona esté en obras, porque además es la más emblemática de París. Hacernos la foto aquí en la Torre Eiffel”, explica a la agencia AFP Eva Caro, una turista española de 43 años en la explanada de Trocadero.

La plaza, flanqueada de estatuas doradas, ofrece una visión de postal de la “Dama de Hierro”, que cada año inmortalizan millones de personas. En junio de 1940, una de las fotos más emblemáticas de Hitler en el París ocupado se tomó desde aquí.

Pero la largas obras de renovación de la explanada, que se acercan a su fin, siembran de vallas el horizonte, un inconveniente en la era de las redes sociales porque impiden compartir, sin interferencias visuales, las vacaciones.

“Por fin, tras el covid, venimos y aquí es donde empiezo mi gira. Subo, veo a los patinadores y me hago una foto y sé que estoy en París”, asegura Tami Agmon, una doctora israelí, que se dice “molesta” con las vallas, pintadas de grafitis.

A los pies de la Torre Eiffel, los espectaculares andamios instalados para los trabajos de pintura de este símbolo, que recobrará un aspecto más dorado de cara a los Juegos Olímpicos de 2024, tampoco facilitan la vida a unos resignados turistas.

Ante la catedral de Notre-Dame, la desesperación de Steven Engelberg, un turista estadounidense de 66 años, es patente. “Estuvimos en la Torre Eiffel y las obras que había allí nos estropearon un poco las fotos, ¡pero nada comparado con esto!”, asegura.

Para cubrir las estructuras, la Iglesia de la Madeleine optó por desplegar una lona publicitaria, con la imagen del turístico Monte Saint-Michel. La Asamblea Nacional, situada enfrente a un kilómetro de distancia, optó por reproducir su fachada.

A mitad de camino, a los pies del Obelisco de la Concordia, Thierry Collegia, un guía turístico que acaba de terminar una visita sobre el París de la Revolución, indica a la AFP las preguntas de los turistas sobre las obras y las lonas publicitarias.

“Les explico principalmente que es por los Juegos Olímpicos de 2024″, indica Collegia, quien, pese a las obras, nota que “la gente siente realmente la felicidad de poder visitar París de nuevo”. “Y hay tantos monumentos que podemos admirar…”.

El número de turistas en la capital francesa se acerca a los niveles anteriores a la pandemia. De enero a mayo de 2022, la frecuentación fue de 12,1 millones de personas, tres millones menos que en el mismo período de 2019, según la alcaldía de París.

Gloria Ramírez, una abogada colombiana de 56 años, también se decidió a cruzar el Atlántico y no se arrepiente. “Igual hubiéramos venido si hubiéramos sabido que estaba en obras. No pasa nada. París es París”, asegura.

Fuente: elcomercial.com