La invasión de Rusia sobre Ucrania entró en su tercer mes y la posibilidad de un acuerdo de paz que le ponga fin al conflicto pareciera estar más lejos que nunca. Por el contrario, el riesgo de un estancamiento que lo lleve a transformarse en una guerra de larga duración se siente en el aire. Mientras tanto, los civiles pagan con su vida la ambición de unos pocos.

Han pasado ya 62 días desde que el jefe de Estado de la Federación rusa, Vladimir Putin, anunció en cadena nacional el inicio de las denominadas “operaciones especiales” para desmilitarizar y “desnazificar” el territorio ucraniano. Desde entonces, al menos 2.789 ciudadanos han muerto y más de 3.100 resultaron heridos, según cifras oficiales divulgadas este martes por la Organización de Naciones Unidas.

Mucha agua pasó debajo del puente, pero los enfrentamientos continúan. La primera etapa de la invasión, que incluyó un asedio durante semanas de Kiev y el ataque a grandes ciudades como Jarkiv, sumado a la toma de centrales nucleares por parte de Moscú, dio paso a la segunda fase en la que el gobierno pretende enfocarse en la región del Donbás, donde se encuentran las autoproclamadas repúblicas independientes de Donetsk y Luganks.

Ignacio Hutin, magíster en Relaciones Internacionales y licenciado en Periodismo, quien vivió en Ucrania durante 2017, habló con este medio para intentar desgranar en qué situación se encuentra el conflicto y en qué consiste esta nueva etapa. “Esta segunda fase de la operación especial tiene que ver con dejar de atacar el oeste de Ucrania, para enfocarse únicamente en el este y en el sur”, dijo y manifestó que a priori, desde la mirada de Rusia esto significaría “que la fase de desmilitarización del norte y el oeste está cumplida”.

Autor de los libros “Ucrania, crónica desde el frente” y “Ucrania/Donbass, una renovada Guerra Fría”, Hutin considera que a partir de ahora Moscú pasará a enfocarse en lo que fue su objetivo principal desde un primer momento: el control de la región del Donbás, de la península de Crimea, la costa del Mar Azov e incluso, quizá, Odesa.

El motivo central de Rusia para avanzar sobre Ucrania es aún hoy un tema abierto. Hay quienes consideran que Moscú se involucró en la guerra civil entre Kiev y las repúblicas independientes para quedarse con todo el territorio ucraniano. Para Hutin, es una forma de verlo, aunque no la comparte. “Rusia no aspiró nunca a conquistar Kiev, la capital, ni tampoco Lviv, que son ciudades grandes y son difíciles de controlar. Lo que le interesaba es el este y el sur”, aseguró el experto en Europa del Este.

Sin embargo, es consciente que existen otras miradas del conflicto que manifiestan aspectos contrarios. “Hay quienes opinan que Rusia se está replegando porque no pudo tomar Kiev. Es una forma de verlo. No lo sabemos”, dijo, aunque a su entender no parece que se esté replegando ante una avanzada de Ucrania “o porque Kiev haya logrado una victoria, pero es una mirada a tener cuenta”.

Eduardo Martínez, profesor de Geopolítica y analista internacional, coincidió con la mirada de Hutin y aseguró que la segunda etapa de Rusia se puede definir por dos objetivos. El primero es fortalecer a las repúblicas autodeclaradas independientes y sumarle en lo posible un avance hacia Odesa. “Esto lograría que Rusia cierre el paso del resto de Ucrania al Mar Negro e impedirle comerciar de forma marítima por el Mar Mediterráneo. Si fuera una guerra medieval, Rusia estaría cercando el castillo y la dejaría sin salida al mar”, metaforizó.

El segundo objetivo, según Martínez, es “tratar de minar todas las posibilidades económicas de supervivencia de Ucrania, ya que Rusia se quedó con el Donbás donde están las principales metalúrgicas, atacó trenes y tomó centrales nucleares para debilitarla y aprovecharse en el futuro de la situación difícil en la que la deja”.

Sobre la situación actual, señaló que “las ineficiencias de las grandes potencias y la ambición de Rusia están quedando al descubierto” a raíz de la destrucción generada y la crisis humanitaria. Y no dudó en afirmar que han dejado a Ucrania “en una enorme debilidad” al punto que la transformaron “en una Siria dentro de Europa, con el riesgo de que se transforme en una libanización, es decir, en un conflicto endémico, en un país partido y en guerra civil constante”.

Ambos expertos coincidieron al manifestar que se trata de un conflicto de larga duración. Por un lado, Martínez señaló que tanto Rusia como Ucrania y sus aliados de la OTAN están preparados militarmente por lo que “por más que Moscú se retirase mañana queda un conflicto de larga data con las dos partes armadas y un país partido. Es evidente que este conflicto va a durar y mucho”.

Hutin consideró que es poco probable que alguna de las dos partes alcance una victoria total sobre la otra, por lo cual se podría repetir el escenario que venía ocurriendo en el Donbás desde 2015. “Yo no creo que Rusia pueda lograr una victoria bélica total y que pueda tomar el territorio ucraniano y más allá también. Al mismo tiempo, tampoco creo que Ucrania pueda lograrlo, es decir, expulsar a todos los rusos y recuperar el control de Crimea y el Donbás. Es muy difícil y poco probable. Si ninguno de los dos puede lograr una victoria bélica total y no hay posibilidad de acuerdo ni cese al fuego, estamos encaminados a un conflicto largo, cada vez más estancado y empantanado”, vaticinó.

Sanciones

Las medidas impuestas por las potencias de occidente a Rusia, como el retiro del sistema Swift de transferencias internacionales, las sanciones contra entidades bancarias, el Banco Central de Rusia y compañías privadas y estatales, generaron un cimbronazo en la economía moscovita y empujaron a un sinfín de empresas extranjeras a abandonar el país.

En respuesta, Moscú, el principal abastecedor de gas a Europa, ordenó como represalia que de ahora en más el suministro sea abonado en rublos, algo que no se encontraba originalmente en los contratos. Precisamente en las últimas horas, el grupo ruso Gazprom anunció en un comunicado que interrumpirá desde este miércoles el envío de gas a Polonia y Bulgaria a raíz de que las firmas involucradas en la compra hicieron caso omiso al decreto de Putin.

Ambos países informaron que cuentan con el gas necesario para afrontar la demanda y aseguraron que no habrá escasez. “No habrá escasez de gas en los hogares polacos”, tuiteó la ministra polaca del clima, Anna Moskwa, quien afirmó que “desde el primer día de la guerra” el país está listo para asumir “la plena independencia de las materias primas rusas”. En tanto que la vocera del gobierno búlgaro, Lena Borislavova, aseguró que el suministro está “garantizado” y “no hay riesgo para la seguridad energética del país”.

“Las sanciones por ahora no afectan demasiado. El rublo recuperó todo lo que había caído y Europa sigue comprando gas y petróleo ruso. Sin embargo, en algún momento los europeos se van a dar vuelta. El resultado de las medidas se podía empezar a ver a partir de julio y agosto”, consideró Hutin, en particular porque Rusia se encuentra muy aislada en términos políticos.

En ese sentido, señaló que China, su aliado más importante, no está comprando demasiado gas y petróleo. “Básicamente no puede porque no hay gasoducto. Se pueden construir pero va a demorar. Además, hoy en día tiene medio país con cuarentena por la variante Ómicron. Rusia no podría depender de China”, explicó.

Para Martínez, las sanciones “tienen un golpe grande en Rusia”, pero afirmó que está resistiendo un embate de occidente porque Moscú considera que no pueden durar demasiado. “Cuando le cierran la puerta a Rusia hacia occidente para comerciar y demás, también se la cierra occidente para cobrar deudas rusas, con lo cual no pueden estar cerradas para siempre”, añadió.

Y profundizó: “De la misma manera que por más que sanciones a Rusia cortándole la compra de gas, haciéndole perder entre 208 y 238 millones al día, lo cierto es que Europa no podría resistir sin ese gas más de 6 meses. Con lo cual, todas las sanciones económicas, si bien impactan, Rusia sabe que no pueden durar demasiado.

Desde la mirada de Hutin, será central lo que haga China para socorrer a su aliado. “Creo que dependerá de la voluntad y la capacidad de China que de Rusia. También pienso en India, Pakistán y Brasil, como mercados grandes, pero el punto acá es qué tanto apoyará comercialmente China a Rusia”, puntualizó.

Qué se puede esperar

Sobre el final, ambos dieron su panorama de lo que se puede esperar a futuro. “La defensa de Ucrania con los recursos que tiene es absolutamente limitada”, consideró Martínez ya que hay un recurso que no puede renovar: el humano. “No le están quedando profesionales militares, la gente se está defendiendo como puede y cada vez mueren más civiles, con lo cual es una situación que le es muy difícil sostener”, dijo.

Más allá de las dificultades que afronta Ucrania, el apoyo de la OTAN continúa siendo central para extender el conflicto y evitar una capitulación. Obligar a Rusia a negociar un cese al fuego ya pareciera ser una utopía. La pelota está y estuvo siempre del lado de Moscú, al igual que las denuncias por crímenes de guerra.

“Lo único que está sosteniendo al gobierno de Kiev es el fantasma de la OTAN de una posible intervención, cosa que en lo personal no creo que ocurra, pero que Rusia lo toma como un límite”, dijo el profesor en Geopolítica y afirmó que desde la perspectiva que da lo ocurrido hasta el momento “a Rusia le basta con conservar lo obtenido en el este”.

La guerra larga beneficiaría más a Moscú que a Kiev, en opinión de Hutin, ya que “tiene armamento de sobra y porque perder soldados le importa nada”, con lo cual puede apostar a que la guerra se estanque e incluso lograr que la cantidad de bajas militares y civiles se reduzca por la intermitencia de los enfrentamientos.

“Entonces le va a ser más sencillo controlar el territorio. Cada tanto habrá enfrentamientos y muertes y seguiremos teniendo territorios en disputa, que es básicamente lo que ocurrió en el Donbás entre 2015 y 2022, donde no hay avances ni retrocesos. Creo que vamos camino a eso”, siempre y cuando China apoye comercialmente a Rusia y la OTAN no ingrese en el conflicto.

“Por ahora, no se está metiendo. Puede mandar armamento y dinero, pero no está mandando tropas y es importante, porque en el momento en que se meta se va todo a la mierda. Y ahí sí habría que creerle a (Serguei) Lavrov, que dijo ayer que habría riesgo de tercera guerra mundial. Eso cambiaria todo el escenario y sería un desenlace muy terrible”, concluyó el experto en Europa del Este.

Dentro de el escenario actual, la salida negociada parecería salirse del plano de lo fáctico. Si bien ambos países se mostraron dispuestos a alcanzar un acuerdo para poner fin al conflicto, lo cierto es que, tal como señalaron los analistas, la probabilidad más concreta apunta a una guerra extensa, posiblemente de menor actividad. En la medida en que Rusia logre evitar un impacto severo de las sanciones y Ucrania continúe con la defensa de su territorio, el conflicto no llegará a su fin.

La acería Azovstal, en la ciudad de Mariúpol, una de las más afectadas por la guerra. 

Fuente: ambito.com