El fin de semana, el intendente de Olavarría, Ezequiel Galli, contó en Twitter que el playero de una estación de servicio de aquella localidad le había aplicado un tope de $4000 en la carga de combustible. “Se viene un invierno duro”, concluyó el dirigente del Pro. Más allá de la crítica de tinte político, la cámara que agrupa a las estaciones de servicio admitió que se están aplicando cupos a la venta de gasoil porque las petroleras están limitando el abastecimiento.

“Poner un cupo es sinónimo de no tener combustible. Las compañías petroleras están desabastecimiento el mercado interno de las estaciones y, por ende, de los consumidores. Encima se viene la cosecha [época en la cual aumenta el consumo de gasoil]. Esto es más de lo mismo, todos los años pasa lo mismo con diferentes gobiernos”, indicó Gabriel Boronori, presidente de la Confederación de Entidades del Comercio de Hidrocarburos y Afines (Cecha).

Las estaciones justifican que aplican los cupos porque las petroleras están restringiendo las ventas, en especial en productos premium. “Si las estaciones ponen cupos es porque no reciben producto de las petroleras, especialmente gasoil y diésel. En Ciudad de Buenos Aires no se nota pues el consumo de gasoil es limitado, pero más allá del área metropolitana ya parece que no habrá provisión suficiente en el interior del país. Otra restricción que empieza a sentirse es el GNC, en especial en las provincias del noroeste argentino que reciben gas de Bolivia, ya que ese país está limitando su entrega a la mitad de lo habitual”, explicó, por su parte, Guillermo Lego, gerente de Cecha.

La cámara señaló que están pidiendo reuniones con el secretario de Energía, Darío Martínez, y con el secretario de Comercio Interior, Roberto Felleti, pero que ninguno de los dos funcionarios les atienden el teléfono. “A las petroleras las atienden, pero a los estacioneros no. Volvieron a abrir paritarias, pero nosotros no tenemos combustibles. La situación es crítica y de desastre”, dijo Boronori.

“Hoy en las estaciones estamos operando con sistema de cupo, podemos vender 15 litros de gasoil por cliente. Esto no sólo afecta a las estaciones, que operamos a pérdida desde hace años, sino a toda la cadena productiva. En estas condiciones, no está garantizado el combustible para levantar la cosecha”, alertó Bornoroni.

La falta de gasoil fue advertida la semana pasada por la petrolera Raízen, que tiene la licencia de las estaciones de servicio de Shell. Teófilo Lacroze, presidente de la compañía en la Argentina, explicó que alrededor del 30% del diésel que se consume en el país es importado y que las petroleras compran del exterior lo mínimo y necesario para abastecer las bocas de expendio con contratos, ya que el precio internacional refleja un barril de US$110, mientras que los valores en surtidor de los combustibles están atados a un precio criollo de alrededor de US$58. Las estaciones de servicio “blancas” (sin bandera), por lo tanto, son las más afectadas, donde hay 1047 bocas, casi el 20% del total.

“La coyuntura de la guerra muestra que no está garantizado el abastecimiento del producto importado, que principalmente es el diésel, ya que el mercado argentino importa el 30% de su demanda”, dijo Lacroze en la conferencia de Argentina Oil & Gas (AOG).

Para el ejecutivo, una forma de paliar esta situación es obligar a las productoras de petróleo a vender más barriles en el mercado doméstico, ya que reveló que las refinerías tienen una capacidad ociosa de alrededor de 15%. “Si seguimos importando lo que estamos importando, no hay reservas de Banco Central que alcancen. Una parte la podemos reemplazar con industrializar el crudo que producimos en las refinerías que tenemos en la Argentina. El mercado exporta el doble que el año pasado y, si se lo compara en precios, están en el triple [de niveles de exportación de petróleo]”, indicó Lacroze. Las productoras prefieren vender los barriles en el mercado externo a un valor de US$110, que destinarlo al mercado local a mitad de precio.

“No solo falta gasoil en la Argentina, sino en el mundo por el salto del precio del gas natural licuado (GNL). La retracción de la oferta, además, genera una corrida de la demanda: si se habla de que va a nafta, el consumo de corto plazo se incrementa”, explicó, por su parte, el consultor en energía, Fernando Navajas, economista jefe de Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL).

La situación con el gasoil también se replica en el mercado mayorista de gas, donde las empresas comercializadoras prefieren romper contratos donde están obligadas a vender a un precio de US$3,5 el millón de BTU (medida inglesa que se utiliza en el sector), para ofertar el gas a US$10 en el mercado spot (al contado), como reveló el portal Econojournal.

“Hay una caída en la oferta y, por otro lado, hay ansiedad del sector industrial, que no sabe si tendrá suministro en el invierno. Todo esto es producto de no tener una política energética ordenada. Este sector requiere de un management muy activo, pegado a la conducción de política económico que no lo tenemos. Estamos en un contexto de partición del gobierno, que es gravísimo, porque está segmentado el poder ejecutivo”, concluyó Navajas.

Fuente: elcomercial.com