A medida que su ofensiva parece empantanarse y sus apoyos internos comienzan a abandonarlo, Vladimir Putin aumenta el nivel de amenaza internacional y la violencia en Ucrania, exactamente un mes después de haber lanzado su invasión. El autócrata del Kremlin fue abandonado por Anatoly Chubais, su consejero en cuestiones climáticas y padre de las privatizaciones rusas. La OTAN, por su parte, aumenta la presión militar con el despliegue de más tropas. “Sí, Chubais renunció. Pero si se fue o no [de Rusia], es su problema”, declaró el vocero del Kremlin, Dimitri Peskov, a la agencia rusa Interfax.

Nadie conoce las razones de esa dimisión y Chubais, cuyo paradero se desconoce, tampoco las explicó públicamente. Pero el padre de las privatizaciones rusas después de la caída de la URSS, en 1991, fue siempre un proliberal cuya esposa se manifestó en contra de la invasión de Ucrania desde el comienzo.

Esta “deserción” no es, en todo caso, la primera ni la última: decenas de oligarcas hasta hace poco protegidos por el Kremlin y allegados a Vladimir Putin han decidido denunciar su insensata aventura en Ucrania. Tampoco en el terreno las cosas parecen avanzar, a pesar de que Moscú persiste en afirmar que “todo responde a los planes decididos”.

“La ofensiva rusa se empantana, a pesar de todas las destrucciones que provoca cada día”, estimó el canciller alemán, Olaf Scholz, dando razón a la mayoría de los expertos occidentales. Para el jefe del gobierno alemán, que hablaba ante el Bundestag, la “verdad es que la guerra destruye Ucrania, pero que, haciendo la guerra, Putin destruye también el futuro de Rusia”.

Por esa razón, Berlín enviará 2000 armas antitanque suplementarias a Ucrania, con el objetivo de apoyar sus defensas. Las fuerzas ucranianas ya tienen 1000 armas antitanque y 500 lanzamisiles tierra-aire de tipo Stinger provenientes de las reservas del Bundeswehr, el Ejército alemán.

El mismo anuncio vino de parte de Suecia, que enviará 5000 armas antitanque suplementarias. El país escandinavo, que, como Alemania, rompió por Kiev su doctrina que le impedía exportar armas a un país en guerra por primera vez desde 1939, enviará en breve un nuevo cargamento.

Reclamo de Zelensky

“Más armas y más sanciones” fue exactamente lo que el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, pidió en una videoconferencia de 12 minutos al Parlamento francés. Como lo viene haciendo con todos los países occidentales, el joven jefe de Estado insistió en la necesidad de “hacer aún más esfuerzos colectivos para forzar a Rusia a hacer la paz”.

Pero Zelensky también acusó a las grandes empresas francesas que se niegan a partir de Rusia: “Tienen que dejar de ser los sponsors de la maquinaria de guerra. Dejar de ser cómplices del asesinato de niños, de mujeres y de violaciones”, agregó. Nombrándolas, el mandatario se refería a Renault, Auchan o Leroy Merlin, entre otras.

Por su parte, la OTAN desplegará cuatro nuevos grupos tácticos en su flanco este: en Bulgaria, Rumania, Hungría y Eslovaquia a fin de reforzar sus defensas contra Rusia. Así lo anunció su secretario general, Jens Stoltenberg, en vísperas de la cumbre que la organización mantendrá el jueves en Bruselas, en presencia del presidente norteamericano, Joe Biden. Esa decisión “llevará a ocho los grupos tácticos desplegados en el Báltico y el Mar Negro”, precisó Stoltenberg.

En la cumbre del jueves, la Alianza Atlántica también lanzará un llamado a China para que se abstenga de apoyar el esfuerzo de guerra de Rusia contra Ucrania. Stoltenberg acusó a Pekín de otorgar “apoyo político a Moscú, incluso diseminando vergonzosas mentiras y desinformación” sobre la invasión de Ucrania.

En el terreno diplomático, las negociaciones bilaterales fueron calificadas de “difíciles” por los ucranianos, tanto como por los rusos.

Diálogos difíciles

“Los intercambios son difíciles porque tenemos posiciones claras y de principio”, dijo el jefe negociador de Kiev, Mykhaïlo Podoliak. Para el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, “los ucranianos cambian constantemente de posición” y Estados Unidos “impide” el normal desarrollo de las discusiones.

Rusia, en todo caso, está pagando cada vez un precio más alto por su invasión. Sumándose a la condena internacional, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con sede en Ginebra, anunció la “suspensión provisoria” de su cooperación con Moscú. La resolución aísla un poco más a Rusia del sistema de la ONU.

Y mientras los occidentales se aprestan a anunciar en Bruselas nuevas sanciones contra Moscú y reforzar las que ya existen, el presidente francés, Emmanuel Macron, denunció el uso de “armas explosivas en zonas densamente pobladas”, y estimó que “todo, en la agresión de Rusia, es inaceptable”.

Justamente, las fuerzas de invasión rusas son acusadas de tomar de rehén a la población civil de la ciudad de Cherniv, donde los dirigentes locales se ven obligados a racionar el agua potable, debido al feroz bloqueo de usura del invasor. Unas 150.000 personas están atrapadas en esa urbe del norte del país, sin esperanza de recibir ayuda, después de que Moscú los aisló de Kiev, 150 kilómetros al sur, bombardeando un único puente sobre el río Desna. Como Mariupol, la ciudad es teatro de intensos enfrentamientos, con decenas de muertos, sin electricidad, sin alimentos y ahora sin agua.

Refiriéndose a la dramática situación de Mariupol, ciudad totalmente devastada, donde los enfrentamientos dentro de la ciudad son casi cuerpo a cuerpo y las fuerzas rusas utilizan armas de largo alcance, la procuradora general de Ucrania, Iryna Venediktova, afirmó que “no se trata de una guerra, sino de un genocidio”: “Los teatros de guerra tienen reglas. En Mariupol no existen. Su ausencia es total”, se lamentó.

Militares ucranianos hacen guardia en un puesto de control en Kiev.

Fuente: elcomercial.com