Jorge Argüello se reunió ayer por noventa minutos con Jake Sullivan, consejero de Seguridad Nacional de Joseph Biden. El cónclave ocurrió en la Casa Blanca y participó también Juan González, asesor de Seguridad Nacional para América Latina.

El embajador argentino en Washington tenía la misión oficial de cerrar el último incidente diplomático que enfrentó a Alberto Fernández con la administración demócrata. Y pareciera que la relación bilateral entre ambos países retomó la secuencia geopolítica que tenía antes del viaje presidencial a Moscú y Beijing.

El embajador en Estados Unidos ratificó que Alberto Fernández apuesta a consolidar los lazos personales y políticos con Biden, y que no tiene intenciones de alinear a la Argentina junto a Rusia y China. “Buscamos una política exterior de carácter multilateral, y nada más que eso”, explicó Argüello ante Sullivan y González.

El asesor de Biden contestó que apuntan a los mismos objetivos diplomáticos y reiteró que apoyarán al país en la negociación de la deuda externa. Agregó que fueron sorprendidos por las declaraciones de Alberto Fernández soslayando la participación de la Casa Blanca en el acuerdo con el FMI, y repitió la mirada que tiene el Presidente de los Estados Unidos sobre Vladimir Putin y Xi Jinping.

Sullivan es el principal consejero de Biden, vive a su sombra y tiene absoluta influencia en la agenda geopolítica de los Estados Unidos. Por orden directa de Biden, Sullivan hizo lobby a favor de la Argentina en el Fondo Monetario Internacional (FMI), cuando era muy probable caer en default hacia fines de enero.

Este movimiento secreto de la Casa Blanca facilitó el entendimiento con el Fondo, y Sullivan se sorprendió -como Biden- que Alberto Fernández lo obviara al reconocer en Barbados el protagonismo de ciertos países que habían ayudado en la negociación con el FMI.

La displicencia diplomática ejecutada por Alberto Fernández causó un profundo enojo en el Ala Oeste de la Casa Blanca, el Departamento de Estado y ciertos despachos poderosos en el Capitolio. Durante visita relámpago a las Antillas, el presidente Había omitido A Sullivan, a Juan González -que lo secunda en los temas de América Latina-, y a Antony Blinken, secretario de Estado, que fatigaron los despachos del FMI para que hubiera un entendimiento con la Argentina.

En esa oportunidad, frente a 11 periodistas que se conectaron vía zoom desde Buenos Aires, Alberto Fernández opinó: “He leído que le he mordido la mano a quien me ayudó… ¿A quién me ayudó? A mí con el Fondo me ayudaron los países europeos, me ayudó China, me ayudó Rusia, los países americanos y paro ahí. Sé quién hizo mucho para que ese préstamo sea dado. Eso sí lo sé, el gobierno anterior de EEUU. No lo digo yo, lo dice el Fondo”.

La displicencia del presidente argentino fue respondida off the record por un funcionario del Departamento de Estado que siguió las ordenes directa de Blinken. Esa respuesta diplomática de Washington fue contestada por Gabriela Cerrutti, portavoz de la Casa Rosada, que negó la existencia de la declaración en off del Departamento de Estado y juró que Alberto Fernández no había recibido ningún cuestionamiento de la administración demócrata.

Una verdad a medias.

Es cierto que el Presidente no se comunicó con funcionarios de alto rango de la Casa Blanca, pero tambien es exacto que Santiago Cafiero -canciller-, Sergio Massa -titular de Diputados-, Gustavo Beliz -secretario de Asuntos Estratégicos- y Jorge Argüello -embajador en DC- agotaron sus contactos para explicar la gaffe que cometió Alberto Fernández en Barbados.

Cafiero, Massa, Beliz y Arguello enfrentaron más de una crítica diplomática.

Alberto Fernández tiene una mirada impiadosa sobre Donald Trump y está desilusionado con Biden. Cree que ha dejado de prestar atención a lo que sucede en América Latina y que el Departamento de Estado no entiende su perspectiva sobre la agenda global. En este contexto, el presidente explica su viaje a Moscú y Beijing.

Washington libra una batalla geopolítica contra China e intenta contener a Rusia que avanza sobre Ucrania. Sullivan y González -y por ende Biden- nunca entendieron porqué Alberto Fernández viajó a Moscú y China cuando la Casa Blanca facilita la negociación de Argentina con el FMI.

La estrategia diplomática del jefe de Estado complica las relaciones bilaterales con Estados Unidos, y la situación se agravó con las declaraciones de Barbados. Cafiero y Arguello se reunieron varias veces con Alberto Fernández -la semana pasada- y finalmente el presidente aceptó aclarar sus conceptos sobre la participación de la administración demócrata en el acuerdo que se intenta cerrar con el Fondo.

“Así como Trump en su momento trabajó para favorecer al gobierno de Macri poniendo en riesgo el futuro de Argentina, digo hoy que el actual gobierno norteamericano, a la hora de de darle un comienzo de solución al problema, acompañó con su voto a Argentina y eso lo valoro”, señaló Alberto Fernández -el sábado- en su cuenta oficial de Twitter.

Este tuit presidencial abrió la puerta de la Casa Blanca. Y Arguello aprovechó la oportunidad para reiterar ante Sullivan y González cómo observa Alberto Fernández el tablero internacional. Fue un cónclave que sirvió para cerrar el incidente diplomático de Barbados y apostar a profundizar las relaciones entre ambos países.

Argentina necesita a Estados Unidos en la negociación con el FMI. Una necesidad que Sullivan -en nombre de Biden- prometió satisfacer para evitar una hecatombe política y económica en el país.

Arguello informó anoche a Alberto Fernández sobre los resultados de la reunión con Sullivan y González. El Presidente estaba en Olivos y se mostró satisfecho. Se acerca el sprint final con el FMI y sin Estados Unidos no hay acuerdo posible.

Fuente: elcomercial.com