Con algo de resignación, el Gobierno argentino parece ya saber cuál será el precio final por la falta de apoyo total desde Washington. Aunque Martín Guzmán insistirá hasta último momento, aún después de firmado el Facilidades Extendidas “reloaded” que se cierra en sus conceptos técnicos en estos días; es ya casi un utopía que éste cuente con una reducción sustancial en las tasas de interés.

El ministerio de Economía estuvo muy cerca durante las negociaciones que dentro de unas horas cumplirán dos años consecutivas, de lograr que de los 4,05% de intereses que se cobran para los países complejos (Argentina es el que menos escapa a esta definición); se reduzca a 1,05%, el nivel más austero que aplica el Fondo Monetario Internacional (FMI). Guzmán había casi convencido a la directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva y a la mayoría de los países europeos. Sin embargo, en el momento de votar en el board, y como se trata de una modificación al estatuto oficial del FMI, sin la aprobación de los Estados Unidos, la reducción es imposible.

La estrategia de Guzmán era la de cerrar el apoyo en todo el globo, para dejar la embestida final ante ese país para último momento. La idea se desarrollaba prolijamente y con cierta efectividad. Sin embargo, las cuestiones políticas que llovieron desde noviembre del año pasado a febrero en las relaciones con el gobierno de Joe Biden; complicaron el reclamo. Hasta haber recibido el fin de semana el gobierno argentino, desde la propia sede del organismo, el mensaje sobre la imposibilidad siquiera que el tema pueda ser incluido en el debate en el board. En síntesis, la posibilidad de reducir los sobrecostos, no estaría en el momento de la votación final del acuerdo, al no haber garantías (más bien rechazo) del apoyo de los Estados Unidos; que con sus casi 17% de las acciones del Fondo, y ante la necesidad de contar con un aval del 85%, determina qué pasa y qué no por fuera de las normas del organismo en el momento de votar a favor o en contra un acuerdo con cualquier país del globo.

Guzmán negoció con expectativas hasta la segunda quincena de enero de este año la posibilidad de una reducción de las tasas de interés. A fines del año pasado, en una entrevista con el diario español El País, el ministro había dicho que “la Argentina está lista para avanzar, pero aún falta trabajo de comprensión por parte de la comunidad internacional. Ha ido creciendo la recepción de buena parte, se ha ido construyendo un apoyo de buena parte de la comunidad internacional”. Sabiendo el alcance del medio, lo que buscaba con la declaración era que los países de los que depende la votación en el board, tuvieran en cuenta lo que se reclamaba desde Buenos Aires. Se especulaba en Economía que, al menos hasta esos momentos, una llamada directa de Alberto Fernández con Biden, o una buena relación final con EE.UU., podría destrabar la situación y superar el país el 85% necesario del board y llegar casi al 90% de los votos. Sólo quedaría en duda lo que harían Japón (6% de los votos), los países nórdicos (3,43%) y otros estados europeos, en general y tradicionalmente reacios a apoyar al país (tampoco lo hacían en tiempos de Mauricio Macri). La visita del canciller Santiago Cafiero a Washington para ver a su par Anthony Blinken del 18 de enero pasado, reactivó las expectativas. Sin embargo, los ruidos de las últimas semanas, desactivaron las expectativas; hasta recibirse desde Wasington la última certeza sobre cómo es la realidad.

La expectativa que le queda a Guzmán, es que el tema quede explícito en el texto del acuerdo final. Más específicamente, que en algún articulado se indique que si en el futuro el FMI decide cambiar sus políticas de tasas de interés, Argentina resulte inmediatamente beneficiada y se le aplique la misma contracción al Facilidades Extendidas vigente. O que se pueda abrir la negociación para su cambio por un plan nuevo. Esto es lo que se negocia por estas horas. Y podría haber noticias favorables, ya que Georgieva estaría de acuerdo. pero no mucho más.

Fuente: ambito.com