Un silencio incómodo es, hasta ahora, la respuesta elegida por el gobierno de Alberto Fernández ante la entrada de tropas rusas en el este de Ucrania, criticadas por Estados Unidos y países de la Unión Europea.

Mientras desde la Cancillería afirmaban que no harían declaraciones por el momento, la palabra elegida desde la Casa Rosada era la del “silencio de radio”, con “prudencia y cautela” a la espera de un diálogo entre el presidente ruso Vladimir Putin y los Estados Unidos que destrabe la situación en los enclaves separatistas ucranianos y aleje el fantasma de una guerra de consecuencias impredecibles.

Fuentes del Gobierno destacaron a LA NACION que el país apoya los acuerdos de paz alcanzados en 2015 en Minsk entre Ucrania, Rusia y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), con la participación de las regiones de Donetsk y Lugansk, hoy epicentro de conflicto. También respaldaron las conversaciones mantenidas por el Grupo de Contacto Trilateral y por el Formato de Normandía. “Esperamos como señales para el futuro decisiones que apunten a desescalar conflictos mundiales en curso y conducirlos por las vías diplomáticas. El camino para la solución de los mismos es la paz y el diálogo”, afirmaron las fuentes.

La crisis en Ucrania llega en un mal momento para el Gobierno, enfrascado por estos días en las puntadas finales del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con Estados Unidos como protagonista principal de la trama. El reciente viaje presidencial a Rusia, durante el cual se reunió con el propio Putin y en el que se habló de afianzar la asociación estratégica entre ambos países, actúa además como freno para cualquier declaración en contra de lo que la administración Biden define como una agresión rusa en territorio de Ucrania, candidato hasta hace poco para ingresar en la OTAN. El Instituto Patria, que festejó aquel encuentro, también es un aliado de Putin que difícilmente condene su accionar en Donetsk y Lugansk, a las que Putin reconoció como independientes.

Fuentes diplomáticas cercanas al oficialismo recordaban que, durante la crisis de Crimea de 2014, que involucró a los mismos actores y provocó refriegas entre Ucrania y Rusia luego de que Putin anexara esa región que Ucrania aún reclama como propia, la entonces embajadora en la ONU Marita Perceval abogó en una reunión del Consejo de Seguridad por el respeto del “principio de integridad territorial” y de la necesidad de promover un “diálogo constructivo entre todas las partes involucradas” para lograr una solución pacífica.

“La postura es la de siempre: promover el diálogo pacífico y trabajar para encontrar una solución política”, habían dicho ayer fuentes oficiales ante la consulta de LA NACION. Ni el Presidente, que participó hoy de un encuentro de la OIT, ni el canciller, Santiago Cafiero, se pronunciaron aún sobre el conflicto que enfrenta otra vez a Occidente con Moscú. Pablo Tettamanti, secretario de relaciones exteriores, fue embajador en Rusia y y Ucrania, y es otro de los funcionarios que sigue con “atención” la situación en esa región, según contaron desde el Gobierno.

Estados Unidos siguió con atención las declaraciones y gestos de acercamiento del presidente, Alberto Fernández durante su gira por Rusia, China y Barbados, durante los primeros días del mes en curso. La administración de Joe Biden reconoció, mediante el Departamento de Estado que mirará de cerca la postura que adopte el Gobierno argentino con respecto al conflicto latente en Ucrania.

En su reunión con Putin, a principios de mes, Alberto Fernández no hizo mención al conflicto ucraniano en medio de las advertencias de Biden y la OTAN sobre la presencia militar rusa y una eventual invasión a su país vecino. En cambio, el mandatario argentino insistió en relativizar la dependencia de la Argentina con Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional (FMI) y por el contrario posicionarse como el nexo entre Moscú y América Latina.

Alberto Fernández y su par ruso, Vladimir Putin, el 3 de febrero último, en Moscú

Fuente: elcomercial.com