Un error, desinterés o una decisión política permitieron que el Gobierno argentino avalara este lunes la permanencia de su embajador en Managua, Daniel Capitanich, junto a uno de los jerarcas iraníes acusados de ser autor intelectual del atentado terrorista a la AMIA de 1994, en la ceremonia de reasunción de Daniel Ortega al frente del régimen de Nicaragua.

Peor aún, como se trata del vicepresidente de Asuntos Económicos de la República Islámica de Irán, Mohsen Rezai, cabeza de la delegación del presidente Ebrahim Raisi en la fiesta del matrimonio Daniel Ortega-Rosario Murillo, la situación es más compleja.

Rezai tiene alerta roja de Interpol. Es decir, debería ser detenido en el exterior. Y Argentina, el Gobierno o la Justicia, le debería haber pedido a Ortega que lo detuviera. Pero fue un invitado de honor de los nicaragüenses. Llama la atención entonces que el Gobierno argentino no haya cuidado esta situación.

Por el contrario, el viernes pasado acogió a los cancilleres de Nicaragua, Cuba y Venezuela en la cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y Caribe (Celac) que se hizo en el Palacio San Martín.

Allí el canciller Santiago Cafiero dijo que este mecanismo regional en el que no participan ni Estados Unidos ni Canadá -Brasil decidió apartarse- será “sin exclusiones”.

El Gobierno proclama la “no injerencia” de Washington y de la OEA en los asuntos de los tres regímenes acusados de graves violaciones a los derechos humanos.

Rezai no es el único poderoso en el Gobierno de Raisi acusado por el ataque a la AMIA. Ahmad Vahidi, quien también tiene pedido de captura internacional de Interpol, fue nombrado ministro del Interior.

Rezai fue Comandante del poderoso Cuerpo de los Guardianes de la Revolución-Pasdaran entre los años 1993 y 1994. Lo curioso es que cuando ambos fueron nombrados, en agosto de 2021, el Gobierno de Alberto Fernández hizo un comunicado de protesta al nuevo gobierno de Irán.

Durante el gobierno de Cristina Kirchner, Vahidi llevó a cabo varios viajes a Bolivia y Venezuela sin que lo detuvieran.

En la causa en la cual se los acusa a los dos por el atentado a la AMIA, se afirma que fueron comandantes de la Fuerza Al-Quds e integraron el selecto grupo de “inteligencia que sometió a evaluación la propuesta de atentar contra nuestro país” en 1993. Algo que la Justicia debería probar si Irán aceptara (en vez de rechazar) someterlos a proceso por Argentina.

Como se ve en las fotos que llegan de Managua, Rezai fue uno de los invitados que saludó a Ortega junto al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y el cubano Miguel Díaz-Canel.

También estuvieron invitados a la ceremonia que se hizo este lunes en Managua delegaciones de China y Corea del Norte, entre otras.

Díaz Canel incluso compartió este lunes fotos de la reunión que mantuvo con Rezai en Managua, en el marco de la fiesta de su camarada Ortega.

Capitanich había dicho en un principio que el Gobierno mandaba una delegación, pero en Buenos Aires lo desdijeron. Señalaron que él representaría a la Argentina.

El régimen de Ortega está bajo presión porque ni Estados Unidos ni la OEA ni la Unión Europea reconocen la elecciones de noviembre, en la que se alzó con el 75% de los votos pero habiendo ahogado todas las instituciones democráticas. Los comicios se llevaron a cabo con sus rivales presidenciales en prisión junto a casi doscientos detenidos por razones políticas.

El ministro iraní Mohsen Rezai, uno de los acusados del atentado a la AMIA, aparece este lunes entre Nicolás Maduro y Daniel Ortega. Los observa Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba.

Fuente: elcomercial.com