Del lado de su institución hermana, el Banco Mundial (BM) metió la cola en la discusión entre el Fondo Monetario Internacional y el Gobierno sobre las metas macroeconómicas del programa con el que se buscan refinanciar los u$s45.000 millones de deuda que tomó Mauricio Macri en 2018. La entidad que preside el estadounidense David Malpass proyectó para Argentina un crecimiento mucho más bajo que el planteado por Martín Guzmán para 2022 y que, en los hechos, se trataría de un estancamiento en la recuperación. Además, habló de recorte de los estímulos fiscales, el eje central que hoy traba el acuerdo con el FMI.

El BM publicó ayer su informe Perspectivas económicas mundiales, en el que advirtió sobre un riesgo de “aterrizaje brusco” para las economías emergentes a raíz de la desaceleración de la economía mundial “en medio de las nuevas amenazas derivadas de las variantes de Covid19 y el aumento de la inflación, la deuda y la desigualdad de ingresos”. “Se espera que el crecimiento mundial se desacelere notablemente, del 5,5% en 2021 al 4,1% en 2022 y al 3,2% en 2023, a medida que la demanda reprimida se disipe y vaya disminuyendo el nivel de apoyo fiscal y monetario en todo el mundo”, señaló el reporte.

Para el caso de Argentina, estimó que 2021 cerró con una recuperación del 10% (tras caer 9,9% en 2020), en línea con el cálculo gubernamental aunque mucho mayor al 6,4% que el BM preveía en junio pasado. También ajustó al alza la proyección para 2022 en casi un punto, pero esto se debió casi exclusivamente al arrastre estadístico que dejó el mayor crecimiento registrado el año pasado.

“Se pronostica que la economía de Argentina se expandirá en 2,6% en 2022, más rápido de lo proyectado anteriormente, reflejando en parte el arrastre del fuerte crecimiento en 2021, mientras la vacunación contra Covid-19 avanzó rápidamente en la segunda mitad del año”, señaló el informe del BM. Además, auguró una expansión del 2,1% para 2023.

El 2,6% previsto para 2022 se alinea con la última proyección de crecimiento para Argentina planteada por el FMI en un informe similar al del BM pero publicado en octubre pasado. Ese guarismo, más que de un crecimiento moderado, habla de un estancamiento en la recuperación de la actividad económica ya que la expansión del 10% del año pasado dejará un arrastre estadístico cercano al 3% para el corriente. Esto quiere decir que, si el PBI se mantuviera estable de acá a diciembre, igualmente el promedio anual dejaría un incremento estadístico de esa magnitud respecto de 2021.

El sendero fiscal y el ritmo de crecimiento son hoy los focos de tensión en la negociación con el organismo que dirige Kristalina Georgieva y que sigue las directrices de Estados Unidos. El Fondo endureció su posición y reclama un ajuste fiscal más acelerado. En los hechos, esto representa la exigencia de una recuperación más lenta bajo la premisa de que eso demorará el incremento de las importaciones y permitirá acumular reservas más rápidamente para garantizar el repago futuro de la deuda.

Guzmán estima un escenario cauto con crecimiento del 4% en 2022. Para ello plantea un sendero fiscal con un déficit de 3,3% del PBI el próximo año y una reducción gradual hasta alcanzar el equilibrio primario en 2027. Pese a que en 2021 cayó en términos reales al retirar buena parte del paquete covid de 2020 y contraer las partidas de jubilaciones, el ministro asegura que ese sendero haría que el balance de las cuentas públicas se alcance sin un ajuste del gasto público a futuro. El staff del FMI no convalida esa propuesta y pide un rápido recorte para llegar al equilibrio de acá a dos años.

Que el BM se pronuncie en sintonía con el Fondo no sorprende. Pese a que se abocan a distinto tipo de financiamiento, se trata de dos instituciones hermanas surgidas de los acuerdos de Bretton Woods de cara a la posguerra que operan bajo el influjo estadounidense. Sin embargo, el informe de ayer echa luz sobre las presiones de la negociación.

Como explicación del menor crecimiento en Argentina, el reporte estima que habrá una desaceleración del consumo primado “debido a la reducción del apoyo fiscal para los hogares”. Además, advierte que la “muy alta inflación” y “las políticas actuales de control de precios y restricciones al movimiento de capitales” contribuirán “a debilitar el crecimiento de la inversión”.

En ese marco, la negociación se extiende. El Gobierno concentra sus esfuerzos en intentar convencer a los países que hoy se muestran más duros. Así, el canciller Santiago Cafiero viajará la próxima semana a Washington para reunirse con su par Antony Blinken e intentar obtener el respaldo de la Casa Blanca. Estados Unidos no sólo conduce políticamente el organismo, sino que al concentrar el 16,5% del poder de voto en el Directorio Ejecutivo es el único país con capacidad de veto en las decisiones de mayoría especial, para las cuales se necesita reunir el aval del 85%.

Entretanto, Guzmán tuvo su primera conversación con el flamante director para el Hemisferio Occidental del FMI, Ilan Goldfajn, un economista ortodoxo brasileño-israelí que implementó medidas contractivas en su paso por el banco central del país vecino bajo el gobierno de Michel Temer. Al tener a su cargo la región, será el principal responsable de tutelar el futuro acuerdo, que condicionará la economía argentina durante los próximos lustros. Asimismo, en los próximos días arribará a Buenos Aires el economista inglés Ben Kelmanson, quien reemplazará a Trevor Alleyne al frente de la oficina permanente del Fondo en el país. Será el responsable del monitoreo diario de la política económica y reportará a Goldfajn.

Fuente: ambito.com