En momentos de tensión cambiaria preelectoral y presión sobre las reservas, cada dólar que ingresa al país resulta importante para la apuesta del gabinete económico por sostener su estrategia y evitar la devaluación. En ese marco, según datos a los que pudo acceder Ámbito, el Gobierno espera recibir de acá a fin de año unos u$s700 millones correspondientes a préstamos de organismos multilaterales. Los desembolsos de estas instituciones comenzaron a acelerarse en los últimos días y trajeron un pequeño alivio en un mes de estacionalidad desfavorable para el flujo de divisas y ante un mercado que incrementó la búsqueda de cobertura contra una eventual depreciación.

De acuerdo con los números que manejan en la Secretaría de Asuntos Estratégicos, la dependencia a cargo de Gustavo Béliz que está encargada del vínculo con los bancos multilaterales, a lo largo de 2021 los desembolsos previstos suman alrededor de u$s3.200 millones. Fuentes oficiales le dijeron a este diario que eso arrojaría como resultado un flujo neto positivo de unos u$s1.000 millones al descontar las cancelaciones de préstamos anteriores realizadas este año, sin incluir los pagos realizados al Fondo Monetario Internacional. Entre capital e intereses, los compromisos de este año con el FMI por el multimillonario stand by firmado por Mauricio Macri rondan los u$s5.100 millones.

Las entidades en cuestión son el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) y el Fonplata, entre otros. De los u$s3.200 millones anuales, hasta este miércoles habían ingresado alrededor de u$s2.500 millones, precisaron las fuentes. Es decir que en lo que resta de noviembre y diciembre esperan la llegada de otros u$s700 millones.

En las últimas semanas se aceleraron los desembolsos ya comprometidos. Entre el 4 y el 10 de noviembre llegaron u$s883 millones provenientes del BID, la CAF, el BM y el BIRF. En octubre habían entrado u$s466 millones desde el BM, el BID, la CAF, el Fonplata y préstamos bilaterales. En general, se trata de crédito a bajas tasas y a largo plazo que se destina a obras de infraestructura, política social y otros proyectos públicos.

Reservas, dólar y tensión

Está claro que el ingreso de estos dólares no resuelve la escasez de divisas ni la tensión cambiaria. Pero sí dan cierto respiro en el momento del año más negativo para el flujo comercial (ya terminada la cosecha gruesa y antes de la fina), que coincide con mayores necesidades de intervención del Banco Central para contener la brecha cambiaria y las expectativas de devaluación. En ese sentido, el otro dato que ponderan en el Gobierno es la expectativa de una buena liquidación de agrodólares hacia fin de año. Según un informe de la consultora Equilibra, en el último bimestre sería 20% superiores a la del mismo lapso de 2020, es decir, dejarían u$s700 millones adicionales.

Con todo, la expectativa del mercado es la de un abandono de la estrategia de ancla cambiaria que desplegó este año la entidad que preside Miguel Pesce para intentar restarle una fuente de presión adicional a una inflación, que igualmente se aceleró en septiembre y octubre al 3,5%. Recargado por las habituales tensiones preelectorales, ese diagnóstico disparó la demanda de cobertura a través de bonos dólar linked y el mercado de futuros, y llevó al dólar blue a cerrar ayer a $206,50 y al contado con liquidación “no intervenido” a alrededor de $215.

En ese sentido, Equilibra planteó: “Esperamos una modificación de la política cambiaria una vez pasadas las elecciones, que podría implicar un ritmo de crawling peg (depreciación administrada) mayor o igual a la inflación, aunque no descartamos un salto discreto”, como el del verano de 2014. Y agregó que ahora, a diferencia de aquella vez, la moneda no está atrasada en términos históricos pero el nivel de reservas para sostener la estrategia actual es muy limitado (u$s4.650 millones netos, según su estimación).

En el Gobierno descartan de plano ese escenario, hablan de habituales presiones devaluatorias en momentos electorales y confían en tener el suficiente poder de fuego como para mantener la política actual durante el verano hasta la llegada de los dólares de la cosecha gruesa y el acuerdo con el FMI. Además, aseguran que la negociación con el Fondo no contempla una fuerte aceleración del ritmo de deslizamiento del tipo de cambio oficial.

Esta semana Martín Guzmán se expresó al respecto: “El año pasado, cuando la brecha cambiaria llegó a ser del 150%, había muchas voces diciendo que iba a haber un enorme salto devaluatorio. No sucedió. Nosotros tenemos la posibilidad de dar continuidad a la política cambiaria, y no tenemos ninguna duda al respecto”.

De cara al próximo año, Guzmán le asigna un rol aún más preponderante al financiamiento vía organismos multilaterales. Su proyecto de Presupuesto 2022 prevé desembolsos netos de estas entidades por 1,3% del PBI, que en caso de concretarse ayudarían a recortar la asistencia monetaria del BCRA al Tesoro de más de 3% del producto en 2021 a 1,8%. En una reciente entrevista con Perfil, Guzmán dijo que se trata de alrededor de u$s5.300 millones. Buena parte de esos recursos espera que provengan del reintegro de los u$s3.800 millones de capital que este año se cancelarán al FMI. Es parte de la negociación en marcha, aunque aún no está confirmado.

Fuente: ambito.com