Mercados: mal clima en el mundo; delta e inflación en EE.UU. Argentina, más atenta a los cambios

Lo intenta la Reserva Federal (Fed). También la secretaría del Tesoro. Insisten varios de los referentes históricos de Wall Street. Y finalmente el mismísimo Joe Biden. Y ninguno lo logra. Las expectativas inflacionarias en los Estados Unidos continúan jaqueando el mercado de capitales norteamericano y, en consecuencia, a todo el sistema financiero mundial.

Y no hay palabras de los referentes más importantes de ese país, tanto públicos como privados, que logren llevar la paz. Y aunque Argentina haya sido calificada como mercado “independiente”, una manera mesurada de definirla como fuera del mundo, las expectativas negativas sobre la evolución de los precios en EE.UU. salpican al país justo en el momento en que más tranquilidad debería llegar del extranjero. Ya bastante con las tormentas económicas, financieras y políticas locales que no dejan descansar a los operadores más avezados. Y eso que están acostumbrados a los vientos molestos más que cualquier Lobo de Wall Street.

Ayer las malas noticias aparecieron por las expectativas negativas que la variable delta podría traer sobre la economía norteamericana; con la amenaza concreta que otra réplica de la pandemia pueda provocar un nuevo parate en los mercado de EEUU; y, luego una reactivación de la demanda que no pueda ser atendida por una industria y un sector servicios sin aumentos en la capacidad productiva. Los datos sobre la posibilidad de una nueva ola provinieron desde Europa, ante la aplicación concreta de nuevas restricciones en pleno verano en el hemisferio norte, donde ayer se registró la peor jornada en 9 meses.

El panorama de incremento de los contagios y el alza en las internaciones cayeron como un baldazo de agua fría, en tiempos en los que los operadores financieros y económicos de todo el mundo esperaban una franca recuperación de la economía general. Primero fueron los índices europeos los que comenzaron a perder fuerza hasta caer entre 2% y 3% en promedio, con una caída mayor en Milán con un 3,3%.

El mal clima contagió a Wall Street desde el comienzo misma de la sesión, sin posibilidades de recuperación; que finalmente cerró en rojo, con el Dow Jones de Industriales, su principal indicador, cayendo 2,09%; en la peor sesión desde octubre del año pasado cuando el tema de debate era la poca permeabilidad de Donald Trump para atender las consecuencias de la Pandemia en la economía de los Estados Unidos.

Ahora el foco de la atención es la falta de confianza de las autoridades de los Estados Unidos, incluyendo la Fed de Jerome Powell y la secretaría del Tesoro de Janet Yellen para dominar las presiones inflacionaria derivadas de una economía con lentitud de reactivación pero sostenimiento de la demanda.

Estas dudas venían jaqueando a Wall Street desde hace algo más de un mes; y se profundizaron en las últimas horas ante la aparición de la amenaza de una nueva ola dura y brava provocada por la variante delta. Fruto de esta presión de desconfianza se reflejó en otros dos indicadores clave como los bonos del Tesoro a 10 años, que llegó a mínimos de los últimos 5 meses al bajar hasta 1,17 %, y la caída del petróleo de Texas, que se deslizó más de un 7 % hasta los 66,42 dólares el barril.

En los últimos días fueron primero Yellen la que intentó tranquilizar a los mercados, afirmando que la situación inflacionaria estaba controlada, y que lo que había que esperar desde el segundo semestre del 2021 y, fundamentalmente, el 2022, era una recuperación de la producción que acompañara el buen momento de la demanda pospandemia.

Luego, el jueves pasado, fue Powell quién al hablar ante legisladores aseguró que el alza de los precios se trataba de una situación absolutamente temporal y de características no estructurales, con lo que en pocos meses estaría superada. En consecuencia, afirmaba el titular de la Fed, no habría motivos para especular con un cambio en la política de la autoridad monetaria, pensando en una suba de los tipos de interés para tranquilizar la economía.

Sin embargo, la aceleración en la aparición de la variable Delta, provocó que los miedos volvieran. Al punto de ser el propio Joe Biden el que salió ayer a intentar aplicar un shock de confianza, argumentando que se trata de efectos temporales. Según el presidente norteamericano, en declaraciones en el State Dining Room de la Casa Blanca, “a medida que nuestra economía se recupera con fuerza, hemos visto aumentos de precios. Algunas personas han expresado su preocupación de que esto podría ser un signo de inflación persistente. Esa no es nuestra opinión. Nuestros expertos creen, y los datos muestran que la mayoría de los aumentos de precios que hemos visto se esperaban y se esperaba que fueran temporales”.

El panorama afectó a todos los mercados de capitales internacionales. Y también a la Argentina, que quizá como pocas veces en todos estos meses; se vio afectada por decisiones de ventas en los grandes centros financieros. Y por análisis más propios de estrategias globales que por el análisis puntual de lo que sucede en el país. Las acciones de empresas argentinas cotizantes en Wall Street (ADR) fueron arrastradas por el mal clima a nivel global (ver aparte). La peor noticia referida a la Argentina fue que nuevamente el riesgo país medido por la casa JP Morgan superó los 1.600 puntos básicos, cuando el gobierno se había esperanzado hace sólo un mes de andar peleando para este época los 1.400 o 1.300 puntos básicos.

Las expectativas locales se basaban en la posibilidad de estar mostrando en el arranque del segundo semestre del año, datos sobre la recuperación de la economía real que impulsaran una demanda mayor de los papeles locales (tanto privados como títulos públicos). En algún momento también se aventuraba un nivel de déficit fiscal controlado por debajo del 3% anual para este año, y una inflación peleando el 2% mensual. Nada de esto ocurrió, y el nivel de riesgo país nunca llegó a navegar en estos tiempos por debajo de los 1.500 puntos.

Desde Buenos Aires se teme el efecto “Flight to Quality”; dado que lo que se observa en estos días son decisiones estructurales de salida de mercados volátiles y posicionamientos en las versiones más conservadoras de las inversiones globales. Es lo que temen todos los mercados emergentes, y los tenedores de alternativas en sectores como el turismo, aerolíneas, petróleo, viajes y el resto de los sectores que podrían verse afectados ante una posible nueva ola dura del covid vinculada con la variante Delta.

Curiosamente Argentina podría ser de los menos afectados. Los papeles locales relacionados al canje de deuda voluntaria internacional surgidos del canje de agosto del año pasado, cotizan a precios de default (menos de 33%), cuando el corte del 2020 fue de 45,8%. Tal como adelantó ayer este diario, los grandes fondos de inversión prefieren en estos tiempos mantener estos bonos y no perder aún más dinero; a la espera de buenas noticias en la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Algo que, como se sabe, deberá esperar hasta las elecciones de noviembre.

Fuente: ambito.com

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