Gildo Insfrán, Yo el Supremo, avanza, ataca, encierra y se abraza con el Presidente

Gildo Insfrán es un hombrecito napoleónico, por sus ambiciones, pero no por su grandeza. Calvo, de barba prolija, ojos helados (como los de la culebra ojo de gato que suele reptar por los suelos formoseños). Veterinario, represor, eterno, trágico y destacado como un monarca intachable para los altos mandos de la Casa Rosada.

Se inició en la lides delirantes de la política en el Partido Comunista Revolucionario, el PCR. Emparentado en sus creencias originarias con el chino Carlos Zannini, mano derecha (o izquierda) de Cristina Kirchner, también sinólogo revolucionario en sus inicios. El maoísta formoseño detectó temprano que la larga marcha de su mentor oriental se haría más factible uniéndose al PJ dominante. Y así lo hizo.

Los primeros europeos que audaces pisaron esas tierras atravesadas por caudalosos cauces fluviales, la llamaron “Formosa”, una derivación de “Fermosa”, “Hermosa”, en el español de la época. Fue en 1528. No convivieron bien con los aborígenes que refutaron y resistieron a lo largo de los siglos la conquista.

Los jesuitas pagaron con su sangre, dos siglos más tarde, los intentos de cristianización de las diversas etnias renuentes a la colonización cultural. Mataban a los clérigos con precisión atávica en los flechazos que les disparaban a la cabeza o al corazón. Pero, al fin, los cristianizaron, al menos sincréticamente, parcialmente.

La cultura política imperante fue caudillista e impositiva y hoy el ubicuo Gildo devuelve represión ante cualquiera que reclame libertad. Así ocurrió con los Qom, o con las concejalas que detuvo simplemente por protestar en paz contra una de las innumerables tropelías del unicato del señor de Formosa.

Gabriela Neme y Celeste Ruiz Díaz fueron maltratadas en la comisaría. Las imágenes de la detención que padecieron aterran al ojo no habituado a la ferocidad feudal. La policía por orden de la cúpula del poder político las agredió como a delincuentes, y la sororidad no fue sonora para ellas.

Solo pedían racionalidad, era una utopía.

El gobierno decidió recluir en burbujas de espíritu carcelario -los denominan Centros de Aislamiento- a todos los que tuvieron COVID, manifestaran síntomas e incluso a aquellos que sin haberlo padecido hubieran tenido contacto con algún infectado. Encerraron a bebés, ponían candados por la noche, apagaban la luz, maltrataban abiertamente a los confinados.

Todo el mundo está aterrorizado.

Aglutinados a la buena de Dios, o de Insfrán (que no es bueno) en espacios que semejan celdas masivas, encerrados, privados de reclamar, olvidados allí y flagelados por los vasallos del jefe.

Insfrán, Yo el Supremo, arrasa los derechos humanos, pero el Primer Magistrado lo designa mandatario ejemplar, se abraza con él y sin barbijo. Luis Naidenoff y Mario Negri presentaron una cautelar ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por la situación de los centros de aislamiento de la provincia de Formosa.

Es un pedido de auxilio externo, porque en la Argentina, con la excepción de la Corte Suprema, nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato. Insfrán hace lo que quiere de todos modos.

¿Por qué el progresismo argentino no denuncia? ¿Por qué se alía el progresismo con lo peor del caudillismo represor, opresor y manifiestamente antidemocrático?

Formosa es sostenida por el Estado Nacional. El 95 por ciento de los dineros que se distribuyen proviene de la coparticipación. La pobreza es la más alta del país, al igual que la desnutrición y la mortalidad infantil.

El método de Insfrán es simple. Destruye la democracia y arrasa con toda oposición.

En ocasiones diversas, la cautividad electoral de los ciudadanos rehenes del dinero que les distribuye el Estado provee de legitimidad al que manda para volverse eterno y demoledor. Nicolas Maduro de cabotaje, Insfrán es sostenido por la elite gubernamental.

Vale la pena, una pena por cierto, releer las palabras que el Primer Magistrado enunció en su apología sin rechazos de Insfrán cuando visitó la provincia tan azotada por la maldad oficial: “Estoy muy feliz de estar aquí. Cuando digo que uno quiere también a las tierras porque conoce a alguien querido. Y yo digo que quiero a Formosa porque conozco a Gildo. Lo conozco en su dimensión política, pero también en su dimensión humana”.

Algo semejante había pronunciado de Hugo Moyano, “Dirigente ejemplar” lo glorificó ante sus hijos.

Son exégesis difíciles de sostener pero indican un rumbo deseado por el oficialismo.

La ministra de seguridad Sabina Frederic utilizó la misma terminología cuando visitó la provincia en pleno ojo de la tormenta del COVID: “Formosa es ejemplar…”, dictaminó.

El ejemplo entonces es privar de libertad a los enfermos, desatenderlos, cancelar sus derechos, y omitir toda transparencia.

¿Quién puede asegurar cuántos enfermos y muertos por COVID hay en realidad en Formosa? Nadie, porque los números los maneja el señor que comanda todo a su antojo y despótico albedrío, como cuando decidió cerrar las fronteras y concentrar personas para petrificarlas en las márgenes amurallados de los ríos.

Insfrán es el modelo, como Moyano.

Lo dijo el Presidente. Está claro.

Ya sabemos entonces lo que nos espera.

Fuente: fmvoz.com

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